Both art and science (Spanish version)

Tanto Arte como Ciencia 

En una de las Gathas, las breves, pero muy iluminadoras pláticas dadas por Pir-o-Murshid Inayat Khan a los estudiantes iniciando su camino sufí, que él llamaba una “descripción del esqueleto del pensamiento sufí”, dice que el entrenamiento del ego es tanto un arte como una ciencia. En este contexto, “entrenarse” no significa ir al gimnasio y ejercitarse vigorosamente con la esperanza de desarrollar más fuerza, Dios no lo quiera, esta relacionado con el proceso a través del cual uno puede entrenar un caballo salvaje que nunca ha sido montado. El caballo debe aprender a aceptar y responder al control del jinete, pero el aprendizaje trabaja en dos direcciones: el jinete también tiene que aprender cómo manejar al caballo, el resultado es que juntos son mas grandes de lo que son cada uno por separado. 

Pero ¿cuál es la distinción que hace Hazrat Inayat Khan entre “arte” y “ciencia”? la palabra ciencia sugiere algo que puede ser estudiado, y a lo que podemos aplicar métodos formales. Esto es particularmente necesario al inicio del trabajo espiritual, cuando luchamos por tomar el control de nuestro ego “salvaje”. Debemos prestar atención a nuestros pensamientos, nuestros sentimientos, nuestras palabras y nuestras acciones y aprender a mantener bajo control todo lo que es desconsiderado o poco amable. La ciencia que se necesita, entonces, es la cuidadosa auto observación y disciplina sistemática.  

Estar atentos a nuestra tendencia egoísta nos lleva naturalmente a ser conscientes de los demás, y la consecuencia inevitable es que el horizonte se amplía. Pasando ahora de la metáfora del entrenamiento de los caballos a la del mar, llegamos a reconocer que no vivimos en un pequeño estanque sino en un océano que es cada vez más grande, un océano que ahora vemos que alberga enormes bancos de egos de todo tipo. La vida nos exige no solo que naveguemos con nuestro ego a través de aguas turbulentas, sino que también negociemos con cada ego que nos encontramos y es aquí donde entra en juego el arte. 

El arte no sigue muy bien las reglas. Hay ilimitadas maneras de pintar una flor, dependiendo de la luz, del momento, del estado de ánimo y el medio; dos cantantes no cantaran una canción de la misma manera porque sus voces, su respiración y su ritmo varían; las palabras de cada poeta son solo suyas. Sin embargo, a pesar de la infinidad de enfoques, todo arte busca expresar belleza – y si queremos hacerlo, podemos hacer de la maestría del ego un arte. La manera en que nos aproximamos o esquivamos con gracia otros egos, la manera en que trasmutamos nuestros propios impulsos del plomo al oro, la forma en la que nos elevamos por encima de nuestras limitaciones para dar libertad al Único Ser, todas pueden conducir a una bella manifestación de este dicho de los Boulas del Gayan: El falso ego es un falso dios; cuando se destruye al falso dios, llega el verdadero Dios. 

Traducción al español: Hafiz Juan Manuel Angel 


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