Hazrat Inayat: Lenguaje cósmico, parte VII
Después de hablar sobre las voces que puede adquirir un lugar, Hazrat Inayat Khan comienza ahora a explicar el proceso de dar y recibir impresiones.
Hay muchos lugares antiguos donde se encuentran piedras grabadas y madera tallada con diseños artísticos. A veces hay letras grabadas en la roca de una montaña o en una piedra, letras que hoy en día nadie puede leer. Sin embargo, alguien dotado del don de la intuición puede leerlas a partir de las vibraciones, de la atmósfera, de la sensación que emanan. Exteriormente son grabados; interiormente son un registro continuo, un registro parlante que siempre expresa lo que está escrito en él. Ningún viajero con facultades intuitivas abiertas negará el hecho de que en las tierras de antiguas tradiciones habrá visto numerosos lugares que, por así decirlo, cantan en voz alta la leyenda de su pasado.
Lo mismo se ve en la atmósfera de los árboles de los bosques y los jardines. Esto también expresa el pasado: las impresiones que les han transmitido quienes se han sentado bajo ellos. A menudo la gente tiene supersticiones sobre los árboles encantados, y esto se encuentra mucho más en Oriente. En realidad, alguien que ha vivido allí, que se ha refugiado bajo el árbol y ha meditado sobre un determinado pensamiento, sobre un determinado sentimiento, ha creado, consciente o inconscientemente, una vibración que el árbol ha absorbido y que ahora expresa. Quizás la persona lo haya olvidado, pero el árbol sigue repitiendo el pensamiento que se le ha transmitido, ya que el árbol puede expresar la voz que se le ha inculcado con más claridad que una roca.
En los países tropicales, donde en la antigüedad las personas solían viajar a pie por las selvas y los bosques y refugiarse bajo un determinado árbol, todo lo que pensaban y sentían fue absorbido por el árbol. Aquellos con facultades intuitivas abiertas lo han oído más claramente que si lo hubieran oído de una persona viva.
Se encuentra lo mismo entre los animales, las mascotas que viven y participan de los pensamientos y sentimientos a través de su contacto con las personas. Existe una superstición especial sobre los caballos. Quienes conocen los caballos son muy exigentes a la hora de comprar uno que tenga buenas vibraciones, además de tener en cuenta su salud y su raza. A menudo, un caballo de muy buena raza y perfectamente sano puede resultar desafortunado. La razón es que la decepción de alguien que ha montado este caballo ha quedado allí, grabada en el corazón del animal. Quizás la condición de la persona haya cambiado, pero lo que el caballo ha conservado sigue vigente.
A mí mismo me impresionó mucho una vez en Nepal ver un caballo y un elefante que se reservaban exclusivamente para que los montara el maharajá de Nepal. Parecía como si esos dos animales fueran conscientes de su jinete. Se podía ver en su dignidad que sabían que pertenecían al maharajá. En cada movimiento del caballo, en la mirada que daba el elefante, se sentía la presencia del maharajá. No solo eso, sino que todo lo que pertenecía al maharajá, como el dolor o el placer, como la vida y la experiencia, parecían haber quedado grabados en el caballo y el elefante. Lo más sorprendente era que el elefante no era más grande que otros elefantes, sino que era incluso más pequeño, y lo que suele dar dignidad al elefante es precisamente su tamaño. El caballo tampoco era más grande que otros caballos, pero el tamaño no importaba. Era el espíritu de esos animales, una vida que se podía ver, expresando el sentimiento que poseían en su corazón.
Esto nos despierta de nuevo a otro campo de pensamiento, y es lo que la asociación puede crear en nosotros: la asociación con una persona triste o feliz, con una persona tonta o sabia, la asociación con una persona de mente noble o una persona inferior. El asociado participa de aquel con quien se asocia y vibra igual que en lo que participa. Casi se puede oír esa vibración en la atmósfera de esa persona, en su expresión, en sus pensamientos, palabras y acciones. Una persona, por muy feliz que sea, tendrá una melodía de infelicidad si se ha asociado con alguien que es miserable. Continúa, canta su canción aparte de toda la sinfonía. Tiene su tono peculiar, siempre se puede distinguir. Una persona sabia que se ha asociado con una tonta ha mantenido una línea; es una melodía bastante diferente, está en una tonalidad diferente, tiene un registro diferente al de su canción original. En una persona que se ha asociado con alguien inclinado a la nobleza, alguien de naturaleza elevada, a pesar de todos sus defectos, uno podrá ver una línea distinguida, claramente audible para los corazones que escuchan.
Continuará…
Traducido por Inam Anda
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