Hazrat Inayat: Lenguaje cósmico, parte XVI
Luego de haber abordado el tema de los pensamientos como seres vivos, Hazrat Inayat Khan reflexiona ahora sobre las implicaciones que tienen para nosotros nuestros pensamientos, a menudo desorientados.
Si una pequeña piedra arrojada al mar pone el agua en movimiento, apenas nos detenemos a pensar hasta qué punto esta vibración actúa sobre el mar. Lo que podemos ver son las pequeñas olas y círculos que la piedra produce ante nosotros. Vemos eso, pero la vibración que se ha producido en el mar llega mucho más lejos de lo que podemos imaginar. Lo que llamamos espacio es un mundo mucho más sutil. Si lo llamamos mar, es un mar con el más sutil de los fluidos. Si lo llamamos tierra, es una tierra incomparablemente más fértil que la tierra que conocemos. Esta tierra lo acoge todo y lo hace brotar, lo cría, le permite crecer; nuestros ojos no lo ven, nuestros oídos no lo oyen.
¿Esta idea no nos vuelve responsables de cada movimiento que hacemos, de cada pensamiento que pensamos, de cada sentimiento que pasa por nuestra mente o nuestro corazón? No hay un solo momento de nuestra vida que se desperdicie, si sabemos cómo utilizar nuestra actividad aquí, cómo dirigir nuestros pensamientos, cómo expresarlos con palabras, cómo promoverlos con nuestros movimientos, cómo sentirlos, para que puedan crear su propia atmósfera. ¡Qué responsabilidad! La responsabilidad que tiene cada persona es mayor que la responsabilidad de un rey. Parece como si cada persona tuviera su propio reino del que es responsable, un reino que no es en absoluto más pequeño que cualquier reino que conozcamos, más bien es incomparablemente más grande que los reinos de la tierra. Esto nos enseña a ser reflexivos y conscientes y a sentir nuestra responsabilidad en cada movimiento que hacemos. Cuando una persona no siente esto, no es consciente de sí misma, no es consciente del secreto de la vida. Sigue adelante como un borracho caminando por una ciudad. No sabe lo que está haciendo, ya sea para su propio bien, ya sea en contra de sí mismo.
Ahora podríamos preguntar: “¿Cómo puede vivir un pensamiento? ¿De qué manera vive? ¿Tiene un cuerpo en el que vivir, tiene una mente, tiene aliento?”. Sí. Lo primero que debemos saber es que un aliento [soplo] que proviene directamente de la fuente busca un cuerpo, un alojamiento en el que funcionar. Un pensamiento es como un cuerpo. El aliento que proviene de la fuente, como un rayo del espíritu, que puede compararse con el sol, convierte al pensamiento en una entidad; lo hace vivir como una entidad.
Estas entidades son las que en términos sufíes se denominan muwakkals, que significa elementales. Viven y tienen un propósito que cumplir. Son creados por el hombre y detrás de ellos hay un propósito que dirige su vida. ¡Imagina lo terrible que es que, en un momento de abstracción, una persona exprese su ira, su pasión, su odio! Una palabra expresada en un momento así debe vivir y cumplir su propósito. Es como crear un ejército de enemigos a tu alrededor. Quizás un pensamiento tenga una vida más larga que otro; depende del cuerpo que se le haya dado. Si el cuerpo es más fuerte, entonces vive más tiempo. La fuerza del cuerpo de ese pensamiento depende de la energía de la mente.
Continuará…
Traducido por Inam Anda
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