Hazrat Inayat: Lenguaje Cósmico, parte XXIV
Hazrat Inayat Khan continúa su explicación sobre la memoria. La publicación anterior de la serie se encuentra aquí.
La gente puede preguntarse: “¿Qué ocurre entonces si una persona ha perdido la memoria? ¿Se debe a un trastorno cerebral?” En primer lugar, nadie pierde realmente la memoria. Una persona puede perderla, pero su memoria no la pierde a ella, porque la memoria es su propio ser. Lo que ocurre es que el trastorno cerebral le incapacita para distinguir lo que contiene la memoria. Por lo tanto, una persona que ha perdido la memoria durante su vida debido a un trastorno cerebral sigue teniendo memoria. Esa memoria se le aclarará después de la muerte. Además, si se elevara por encima de su ser objetivo, encontraría su memoria intacta. Solo que la memoria no puede funcionar en un cerebro que no funciona correctamente.
Tener buena memoria no solo es algo bueno, es una bendición. Es un signo de espiritualidad porque muestra que la luz de la inteligencia es clara e ilumina cada partícula del cerebro. Una buena memoria es un signo de grandes almas. Además, la memoria es el tesoro donde se almacena el conocimiento de uno. Si una persona no puede extraer el conocimiento que ha acumulado de su memoria, entonces la dependencia de los libros tiene poco valor.
Un día, seis meses después de que mi Murshid me aceptara como su discípulo, comenzó a hablar de metafísica. Como yo mismo tenía inclinación por la metafísica, me entusiasmé con la idea. Durante esos seis meses nunca me impacienté, nunca había mostrado ningún interés por saber más de lo que se me permitía saber. Estaba muy contento a los pies del maestro. Eso lo era todo para mí. Sin embargo, escucharle hablar sobre metafísica fue un gran estímulo para mi mente. Pero, tan pronto como saqué mi cuaderno del bolsillo, mi Murshid dio por terminado el tema. No dijo nada. A partir de ese día aprendí una lección: con ello quería decir que mi cuaderno no debía ser el almacén de mi conocimiento. Hay un cuaderno vivo, y ese es mi memoria, un cuaderno que llevaré conmigo toda la vida y en el más allá.
Sin duda, siempre escribimos en papel cosas que pertenecen a la tierra —los números 10, 20 y 100—, pero las cosas que pertenecen al orden espiritual, a la ley divina, son mucho más importantes. El cuaderno no puede contenerlas, no está hecho para ellas. Es en la memoria donde deben atesorarse, porque la memoria no es solo una máquina de grabar, sino también un terreno fértil al mismo tiempo. Lo que se deposita allí es continuamente creativo, está haciendo algo allí. Así, uno no solo posee algo que ha depositado, sino también su interés.
Continuará…
Traducido al español por Arifa Margarita Rosa Jáuregui
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