Hazrat Inayat: Tres aspectos de la iniciación, parte IV
En la entrega anterior, Hazrat Inayat Khan comenzó a hablar de algunas de las actitudes que impiden a las personas buscar la iniciación. Continúa con este tema aquí y concluye evocando los beneficios que solo pueden obtenerse con la ayuda de la iniciación.
Algunas personas afirman que han sido iniciadas por un maestro del más allá. Bueno, tal vez sea así, pero ¿no se encuentran entonces en dos mundos, el maestro en uno y el iniciado en otro? El iniciado no pertenece al mundo del maestro, ni el maestro pertenece al suyo. Sin duda, esto causa menos problemas que tener que preocuparse por el placer de un ser vivo. Es más fácil sentir que hay alguien detrás de uno que siempre le susurra al oído y le habla en sueños o visiones. No es incorrecto y, en algunos casos, incluso es cierto. Hay almas, hay maestros, que tal vez no dieron en la Tierra lo que tenían que dar, lo que tenían que impartir a los demás, pero ese no es el proceso normal. Si fuera un proceso normal, todas las enseñanzas habrían sido enviadas desde el más alla; pero ni Buda, ni Jesucristo, ni Mahoma impartieron sus enseñanzas desde allí.
Hoy en día prevalece la idea de que ningún hombre debe guiar a sus semejantes y que no hay virtud en tal guía. Esta idea está tan extendida que impide a las personas buscar la guía de alguien que se enfrenta a las mismas luchas, los mismos problemas y que tiene las mismas experiencias que todos los demás. Siguen rechazando a esa persona, como fue rechazado Jesucristo, y al mismo tiempo ¡buscan a alguien en otro plano! Muchas sociedades y grupos se han devanado tanto los sesos con este tema que se han privado de esa agua viva que sigue su curso natural a través del mundo de los hombres.
La labor del maestro es muy sutil. Es como la de un joyero que primero tiene que fundir el oro para poder hacer una joya con él. Primero hay que fundirlo; pero una vez fundido, cuando ya no es metal duro sino líquido, se puede convertir en una corona, un anillo o un adorno. Entonces se puede hacer algo hermoso con él.
Después hay un paso más. Cuando el discípulo ha recibido las iniciaciones que el maestro tiene que darle, la tarea del maestro ha terminado y lo envía a seguir su camino. El maestro no retiene al alumno indefinidamente; él tiene su parte que desempeñar durante el viaje por el camino, pero luego llega la iniciación interior. Esta llega al discípulo que se ha vuelto meditativo, cuyo interés se ha agudizado, cuya perspectiva se ha ampliado, que ve la vida de manera diferente, cuya conciencia ha adquirido el hábito de razonar, de expandirse.
Sin duda, también en esta experiencia siempre hay ayuda disponible. Así como la ayuda llega en la tierra, también llega en el mundo invisible. Es como si estuviéramos en la calle en algún tipo de dificultad; naturalmente, otros se acercarían para ver si pueden ser de alguna ayuda. Así, a medida que uno avanza, atrae la simpatía de seres que siempre están ocupados ayudando a la humanidad desde todos los planos de la existencia. Se atrae la compación de aquellos que están cerca de quien viaja por el camino, dándole una mano para seguir adelante. Esa ayuda es lo que se llama iniciación. Hay muchas iniciaciones diferentes; todas son pasos para ascender.
En conclusión, mencionaré lo que se obtiene a través de la iniciación. Lo que se obtiene es la realización para la que hemos nacido, que es el propósito de nuestra vida. A menos que nos acerquemos al propósito de la vida, nada de lo que hagamos nos ayudará lo suficiente; solo nos ayudará, tal vez, con alguna necesidad nuestra, pero nada más. Solo hay una cosa que da plena satisfacción, y es llegar a la autorrealización. No es sencillo, y se necesita algo más que meditación y concentración, aunque estas son de gran ayuda para alcanzar la autorrealización. Aquellos que creen que leyendo un libro sobre yoga pueden llegar a esa realización están equivocados. Están equivocados porque se trata de un fenómeno, y es a través de este fenómeno que se avanza.
Algunas personas piensan que, mediante el estudio directo, el estudio puramente científico, pueden llegar a la auto realización; pero para alcanzar la autorrealización es necesario un cierto modo de vida. ¿Es la vida que enseñan los religiosos, que uno debe vivir de tal o cual manera? ¿Es una vida según ciertos principios, ciertos dogmas? No, nada de eso. Es el proceso continuo de borrar el yo. Es como moler algo muy duro. Es una molienda continua del yo. Cuanto más se suaviza el yo, más evoluciona la persona y mayor se vuelve su personalidad. No importa qué poder e inspiración haya adquirido una persona, si no hay autoanulación, no se logra nada. El resultado de la iniciación es la autoanulación, y es la autoanulación lo que se necesita para llegar a la verdadera sabiduría.
Traducido por Inam Anda
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