Enviando nuestra respiración al cielo
Los estudiantes del camino sufí usualmente tienen al menos una idea general de que la “respiración” es un aspecto fundamental del desarrollo espiritual. Nos enseñan prácticas de respiración como parte de las rutinas diarias, y Hazrat Inayat Khan con frecuencia enfatizaba este tema. Sin embargo, a menudo pasamos por alto el papel que juega la respiración en todo lo que hacemos.
La respiración en este contexto no se refiere al aire que entra y sale de nuestro cuerpo, aunque esto puede considerarse como una manifestación de la respiración; lo que significa, en cambio, es la corriente de vida, la energía divina, que impulsa el flujo físico del aire, y que también dirige nuestros movimientos, pensamientos y sentimientos. Un cantante trabaja para desarrollar la capacidad física de la respiración, aprendiendo a dominar el volumen y el control, pero es más importante el desarrollo de la corriente interna de la respiración, puesto que ésta es la que le da vida y belleza a la canción. La respiración actúa en varios niveles de nuestro ser: el físico, el mental y emocional y el espiritual. Cuando hablamos, utilizamos la respiración física para dar forma a las palabras, pero si la respiración no está alcanzando la esfera mental, nuestras palabras no tendrán significado. El aliento que viene del fondo del corazón tocara el corazón del oyente, y si nuestra respiración viene del reino espiritual, entonces nuestras palabras alcanzaran el espíritu de los que nos escuchan. Un simple saludo mecánico no despertará mucho en la persona que saludamos, pero si enviamos nuestro espíritu con nuestra respiración, entonces la persona a quien saludamos recibirá consciente o inconscientemente una bendición aun con un simple “hola”.
Lo mismo aplica a nuestras oraciones. Si nuestra respiración se queda solamente en nuestro cuerpo, o en nuestra mente y no va mas lejos, las oraciones no lograran mucho, pero si hemos aprendido como dirigir nuestra respiración no hay límites. En la oración Khatum, por ejemplo, empezamos diciendo, “Oh Tu…” si nuestra respiración se queda en nosotros, las palabras no van a ningún lugar; cuando enviamos nuestro aliento con nuestras palabras hacia el infinito, podemos descubrir que estamos ante la presencia divina.
Y cuando decimos, “Señor del cielo y de la tierra”, ¿a dónde va nuestra respiración? Si nuestra respiración se queda en nuestro cuerpo, entonces podemos estirarnos inconscientemente hacia arriba y luego inclinarnos hacia el suelo. Si nuestra respiración lleva nuestro espíritu con las palabras, nos elevaremos al cielo con nuestra oración, y entonces veremos la Presencia Divina también en la tierra que pisamos y también en nuestro cuerpo.
Traducción al español: Hafiz Juan Manuel Angel
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Muchas gracias Murshid, que explicación ‘como anillo al dedo’, llega justo cuando la estaba buscando.