Cuentos: ¿La berenjena es buena o mala?
Sucedió una vez que al emperador Akbar le sirvieron un platillo de brinjal o berenjenas al curry, y le pareció delicioso. Lo comió con gran entusiasmo y lo compartió con sus cortesanos, incluido, por supuesto, su consejero más cercano, Birbal.
“¿Qué opinan?”, les preguntó. “¿No es el brinjal una hortaliza excelente?”
“Una hortaliza de calidad suprema”, coincidieron todos los cortesanos. “¡Deliciosa, señor! Y muy nutritiva también”.
“Birbal”, dijo Akbar, “¿es una buena hortaliza?”.
“Una hortaliza de la más alta calidad, Majestad”, respondió Birbal.
Sin embargo, unos días más tarde, se sirvió otro plato de brinjal al curry y —quizás por algún error en las especias, quizás porque las berenjenas se habían cultivado en otro lugar, ¿quién sabe?— el plato era muy diferente. Akbar probó un bocado, hizo una mueca, probó otro y luego apartó el plato.
“¿Qué opinan?”, preguntó a sus cortesanos. “Me parece que el brinjal es una hortaliza horrible, no apta para el consumo humano”.
Y todos los cortesanos asintieron enérgicamente con él. “¡Tiene razón, Su Majestad, el brinjal es una hortaliza muy tosca, solo debería servirse al ganado!”
“Birbal”, dijo Akbar, “¿cuál es tu opinión sobre el brinjal? ¿Es buena o mala?”
Birbal miró a los cortesanos, quienes apenas unos días antes habían estado elogiando el brinjal y ahora, al unísono, la condenaban, y dijo: “Su Majestad, está muy claro que si al Emperador le gusta, es una hortaliza excelente, y si no le gusta, es la peor hortaliza del mundo”.
Traducción: Abdel Kabir Mauricio Navarro J.
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Akbar vindt het ene auberginegerecht heerlijk en het volgende afschuwelijk. De hovelingen bewegen onmiddellijk met zijn oordeel mee. Birbal zegt uiteindelijk wat zij zelf niet lijken te zien: wat de keizer vandaag prijst, heet voortreffelijk; wat hij morgen afwijst, heet slecht.
Daarbij klinkt voor mij een woord van Pir-o-Murshid Hazrat Inayat Khan mee:
“Wie vandaag denkt dat iets juist is, kan morgen denken dat het verkeerd is.”
— On Attitudes
Mullah at een hap van de aubergine.
“Voortreffelijk,” zei hij.
De volgende dag at hij opnieuw.
“Afschuwelijk,” mompelde hij.
Hij keek naar zijn bord.
“Vreemd,” zei hij zacht. “Gisteren wist ik het nog zo zeker.”