Tales: Leila and Majnun pt III (Spanish version)

Cuentos: Layla y Majnun. Tercera Parte

Continuamos contando la historia de Hazrat Inayat Khan sobre los dos amantes, que comenzamos aquí. En la segunda parte vimos que la esperanza de la pareja que se uniría en matrimonio se quebró por la extrema devoción de Majnun, incluso por el perro de Layla.

…y los padres de Layla negaron su consentimiento para el matrimonio.

Esta completa decepción hizo que los padres de Majnun perdieran la esperanza y dejaron de vigilarlo, viendo que la vida y la muerte eran lo mismo para él. Esto dio a Majnun la libertad de vagar por la ciudad en busca de Layla, preguntando por ella a todos aquellos con los que se encontraba.

Por casualidad se encontró con un cartero que llevaba el correo sobre un camello; y cuando Majnun le preguntó sobre el paradero de Layla, él le dijo: “Sus padres han dejado esta región y se han ido a vivir a cien millas de aquí”.

Majnun le rogó que le llevara un mensaje a Layla. Él le respondió: “Con mucho gusto”. Pero cuando Majnun comenzó a decirle el mensaje, el relató continuó por mucho, mucho tiempo.

El mensaje de amor no tiene fin.

El cartero por una parte estaba entretenido, y por otra le simpatizó su seriedad. Aunque Majnun, caminando junto a su camello, fue compañía para él en su largo viaje, por lástima, le dijo: “Hasta ahora has caminado diez millas dándome tu mensaje, ¿cuánto tiempo me tomará dárselo a Layla? Ahora vete, yo me encargo”.

Entonces Majnun se devolvió, pero no había avanzado ni un centenar de yardas cuando se regresó y le dijo: “Oh amable amigo, he olvidado decirte algunas cosas que podrías decirle a mi Layla”.

Continuar con su mensaje le llevó otras diez millas de camino. El cartero le dijo: “Por misericordia, regrésate. Haz caminado un gran trecho. ¿Cómo podré recordar todo el mensaje que me has dado? Sin embargo, haré lo mejor que pueda. Ahora regresa, estás lejos de casa”.

Majnun de nuevo se regresó unas pocas yardas y de nuevo recordó algo que decirle al portador del mensaje y volvió a seguirlo. De esta forma transcurrió todo el viaje, y llegó al sitio al que estaba enviando el mensaje.

El cartero estaba asombrado de este amor sincero, y le dijo, “Ya has llegado a la tierra donde vive tu Layla. Ahora quédate en esta mezquita en ruinas; está fuera del pueblo; si vas conmigo al pueblo, te atormentarán antes que puedas llegar donde Layla. Lo mejor es que te quedes aquí y descanses pues has caminado desde muy lejos; yo le transmitiré tu mensaje a Layla tan pronto como la vea”.

La embriaguez de amor no ve ni tiempo ni espacio.

Majnun escuchó su consejo y se quedó ahí, y se sintió inclinado a descansar, pero la idea de estar en el pueblo donde Layla moraba le hizo preguntarse en qué dirección tendría que estirar las piernas.

Pensó en el norte, sur, este y oeste, y pensó para sí mismo. “Si Layla estuviera en esa dirección, sería grosero de mi parte estirar los pies hacia ella. Lo mejor entonces sería colgar mis pies de una cuerda desde arriba porque seguramente no estará allí”.

La Kaaba del amante es la morada del amado.

Estaba sediento y no pudo encontrar agua salvo un poco de agua lluvia que se había acumulado en un tanque sin uso.

Cuando el cartero entró a la casa de los papás de Layla, la vio y le dijo, “Tuve que hacer un gran esfuerzo para hablar contigo. Tu amante, Majnun, que no tiene comparación en el mundo, me dio un mensaje para ti, y continuó hablando y hablando durante todo el trayecto y ha caminado junto a mi camello hasta tan lejos como este pueblo”.

Ella dijo, “¡Cielo santo, pobre Majnun! Me pregunto qué será de él”. Le preguntó a su vieja niñera: “¿Qué pasa con una persona que ha caminado cien millas sin descanso?”

La niñera respondió apresuradamente, “esa persona morirá”.

Layla dijo, “¿Hay algún remedio?”

Ella respondió, “Él debe tomar un poco de agua de lluvia recogida el año pasado y una serpiente debe beber esa agua, y luego sus pies deben ser atados y él debe ser colgado en el aire con su cabeza hacia abajo durante mucho tiempo; eso podría salvar su vida”.

Layla dijo, “Oh, pero ¡qué difícil de lograrlo!”

Dios, que es Él mismo amor, era el guía de Majnun, por lo tanto todo lo que llegó a Majnun fue lo mejor para él.

Verdaderamente el amor es el sanador de sus propias heridas.

Continuará…

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