Tales : The king who left empty-handed (Spanish version)

Cuentos: el rey que se fue con las manos vacías 

Había una vez un rey que gastó toda su vida acumulando riquezas.  Imponía terribles tributos a su propio pueblo, pero además invadía los países vecinos ordenando a los generales llevarse todo el tesoro que encontraran. Cuando sus tropas se retiraban, dejaban arrasados los campos y las ciudades, y todo el oro y joyas, alfombras y granos, entre otros bienes, eran llevados para enriquecer a su señor. Con el tiempo, su incansable búsqueda de oro lo convirtió en el hombre más rico del mundo.  

Pero, como tiene que ocurrir a todos los mortales, llegó el momento en que empezó a sentir la proximidad de la muerte. La enfermedad cayó sobre él y ninguna cantidad de dinero pudo comprarle una cura. Un doctor tras otro sacudía la cabeza y declinaba la oferta de oro. El rey se hizo cada vez más débil, pronto no pudo levantarse, y supo entonces que su cuerpo solo dejaría la cama cuando fuera llevado a la tumba.  

Convocó entonces a sus ministros y les dio esta instrucción final: “cuando yo sea llevado al cementerio”, dijo, “asegúrense de que mis manos estén afuera y abiertas, no envueltas en la mortaja, sino visibles. Que toda la gente de este pueblo sepa que el hombre más rico del mundo no se llevó una sola moneda a la tumba. 

Traducción por Vadan Juan Camilo Betancur 


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One Reply to “Tales : The king who left empty-handed (Spanish version)”

  1. Murad

    Dank voor het opnieuw aanreiken van dit oude verhaal.

    Een eenvoudig en krachtig verhaal: de koning verzamelde alsof alles van hem was, maar aan het einde moesten zijn open handen tonen wat altijd waar was geweest.

    “Want wij hebben niets in de wereld gebracht, het is duidelijk dat wij ook niets daaruit kunnen dragen.”
    — 1 Timoteüs 6:7

    Misschien klinkt Jezus zacht mee: “Verzamelt u geen schatten op de aarde, waar mot en roest ze verderven.”
    — Matteüs 6:19

    Mullah zou misschien in de spiegel kijken en glimlachen: “De koning had twee open handen nodig om eindelijk te bewijzen dat hij niets bezat — maar ik heb soms al genoeg aan één gesloten vuist.”

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