The oil that feeds the flame (Spanish version)

El aceite que alimenta la llama 

En un Gatheka sobre la esperanza, Hazrat Inayat Khan nos dice que hay dos tipos de esta cualidad. Una forma es dependiente, con lo que se refiere a que necesitamos que nuestra esperanza se mantenga o se refuerce con resultados. Si lo que deseamos muestra avances, seguimos esperando, pero si no vemos una respuesta a nuestra esperanza, entonces nuestro sueño comienza a desvanecerse. Pero la otra forma de esperanza es independiente: continúa independientemente de los resultados. Y Hazrat Inayat continúa y dice que la forma dependiente es la del pesimista, mientras que la esperanza independiente es la del optimista. 

Necesitamos esperanza. La naturaleza de la vida es que todos vivamos con limitaciones, y ahí radica la causa de todo sufrimiento. Por lo tanto, siempre buscamos algún cambio, algún progreso a nivel físico, mental o espiritual, y si perdemos la esperanza, perdemos todo el impulso y abandonamos toda oportunidad de progresar. 

Aquí la diferencia entre el optimista y el pesimista importante. La expectativa del pesimista de que ocurra lo peor se confirma casi inevitablemente porque, lo reconozcamos o no, nuestra actitud afecta el resultado de nuestros esfuerzos y de los acontecimientos que nos rodean. Como consecuencia, el pesimista disfruta, si se puede llamar así, de una especie de satisfacción amarga por haber visto confirmadas sus expectativas, por haber “acertado”. Sin embargo, permanece como una persona en el fondo de un pozo, aprisionada y sin una cuerda con la que salir. Como leemos en Gayan Boulas, “Es el espíritu de la desesperanza el que bloquea el camino del hombre e impide su avance”. 

El optimismo, por el contrario, es el resultado del amor, como encontramos en Gayan Boulas, y cuando el amor es maduro, no depende de ninguna respuesta concreta del amado. Si amamos verdaderamente a un amigo, por ejemplo, nuestro amor no se da por lo que esperamos recibir de esa persona, sino simplemente por lo que es. Y si profundizamos en el tema del amor, descubrimos que el amor surge de la armonía: sentimos una armonía inexplicable en nosotros con el objeto de nuestro amor, y esa resonancia nos une. Dicho de otro modo, amamos a aquello que somos capaces de reconocer dentro de nosotros mismos. En la metáfora de la persona en el pozo, el optimista podría amar las nubes que flotan en el cielo azul, sabiendo que representan la libertad que anhela. 

Por lo tanto, es la esperanza independiente la que puede elevar nuestra vida, pero, al igual que el amor del que surge, debe ser protegida y fortalecida con paciencia. Cuando el amor brota por primera vez, como una semilla, es vulnerable; una vez que ha madurado, protegido y sostenido por la paciencia, se convierte en un árbol frondoso, capaz de soportar las tormentas de la vida mientras da sustento y refugio del calor del día. Es esta misma paciencia la que mantiene viva la esperanza. Y como dice Vadan Boulas: “Nada se pierde, mientras no se pierda la esperanza“. Sin duda, habrá muchas ocasiones en las que se pondrá a prueba nuestra paciencia, ya que ninguna vida es fácil, pero enfrentarnos a los retos es lo que mantiene viva nuestra esperanza, pues, como leemos en Vadan Chalas, “Buscar lo que está más allá de nuestro alcance es el aceite que alimenta la llama de la esperanza”. 

Traducido por Inam Anda 


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