Formas de arrodillarse
Mevlana Rumi decía que hay mil formas de arrodillarse y besar el suelo. Cada persona tendrá su propia forma de acercarse a lo sagrado, una forma adecuada para ella y para ese momento concreto, ya que nuestra reverencia de mañana puede ser diferente a la de hoy. A veces nuestras rodillas —o nuestros orgullosos cuellos— están rígidos y no se doblan tan fácilmente, mientras que otro día, cuando la brisa del amanecer acaricia nuestras mejillas, podemos postrarnos e inundar el suelo con lágrimas.
Muchos repiten regularmente la invocación, que comienza con las palabras «Hacia el Uno», pero cada uno a su manera. Uno, quizás consciente de la misión del Maestro de difundir el Mensaje por todas partes, da energía a las palabras, de modo que resuenan en las paredes y el techo, y conmueven y elevan al orador con su reverberación. Otro las pronuncia con un tono apagado y reverencial, temiendo perturbar la paz de la unidad con el sonido de su voz. En cualquier caso, independientemente de cómo se expresen, las palabras hablan de unidad, y podríamos preguntarnos qué imaginamos con esta palabra. ¿Qué es esa unidad?
Algunos pueden ver al Uno muy por encima de ellos, como en la Capilla Sixtina, sintiendo que Dios, el Único Ser, nos mira con toda majestad desde el cielo y, aunque estamos muy por debajo, nos esforzamos por acercarnos a Él con nuestra devoción. Esta actitud eleva al buscador sincero cada vez más alto, dejando finalmente atrás todas las limitaciones, y podría hacernos pensar en el dicho de Vadan Chalas :
Tan pronto como el ideal de Dios cobra vida
el adorador de Dios se convierte en verdad.
Entonces la verdad ya no es su búsqueda;
la verdad se convierte en su ser;
y en la luz de esa verdad absoluta
encuentra todo conocimiento.
Otros, anhelando hacer realidad la enseñanza de que todos somos hijos del mismo Creador, esperarán que con estas palabras reconozcamos a la humanidad como una sola familia. Para un creyente de corazón abierto, “uno” sería un llamamiento a olvidar las barreras entre nosotros y nuestros vecinos y a vivir juntos en armonía. A través de un camino de purificación implacable, rechazando firmemente todo egoísmo y juicio, ese devoto llegará algún día a la comprensión de este dicho de Gayan Gamakas :
Nada parece ser demasiado bueno ni demasiado malo.
Ya no veo mayor diferencia entre santo y pecador,
pues contemplo la una y única Vida
manifestada en todos.
Y algunos, cuando repiten estas palabras, esperan romper el sentimiento de que están excluidos de la Unidad. El amante no desea nada más que la unión con el Amado, pero la sabiduría y la experiencia nos enseñan tarde o temprano que somos nosotros mismos quienes nos interponemos en el camino de la Luz del Sol. Por eso en Nirtan Boulas hay este dicho: El místico se perfecciona vaciándose de sí mismo. Y cuando dejamos ir los harapos del “yo” y comprendemos que todo, todo —incluidos nosotros mismos, por transitoria e insignificante que sea nuestra onda en el océano— está contenido en el Uno, podemos unirnos a este dicho de Gayan Ragas:
Permíteme sentir Tus brazos rodeándome, Amado mío,
mientras camino errante lejos del hogar.
Permite que mi corazón sea tu laúd.
Escuchando tu canción, mi alma vuelve a la vida.
Permite que mi alma virgen baile en tu corte, Indra mio;
la pasión que ella siente es para Ti solamente.
Permite que mi cabeza descanse sobre tu pecho;
al abrigo de tus brazos, mis pies tocan el paraíso.
Traducido por Inam Anda
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