¿De quién fue esta idea?
En la década de 1920, mientras Europa aún se recuperaba de la devastación y el dolor de la “Gran Guerra”, como a veces se la llamaba, un mureed le preguntó a Hazrat Inayat Khan si el conflicto había sido la voluntad de la mayoría o de la minoría. Es una pregunta que podemos considerar pertinente en nuestros tiempos, ya que observamos con frecuencia enfrentamientos públicos entre puntos de vista opuestos, y no siempre está claro si las decisiones que finalmente se toman corresponden a la voluntad de la mayoría o de una minoría particularmente vocal.
Pir-o-Murshid Inayat comenzó diciendo que era la voluntad de la minoría, que unos pocos habían hecho que la mayoría los siguiera, pero luego fue más allá. La guerra, declaró, en realidad se originó en una sola mente. Nunca se sabrá cuál fue esa mente, dijo, pero dado que los pensamientos no surgen simultáneamente en mentes diferentes, es cierto que comenzó en una sola mente y luego se extendió a otras.
Para comprender esto adecuadamente, debemos recordar la descripción sufí del mundo de la mente como un palacio de espejos; el reflejo es la esencia de este reino. Si observamos nuestra propia mente con atención, podemos ver cómo un pensamiento nos refleja hacia otro, y ese pensamiento nos envía a otro aún más lejano, y así sucesivamente. Podríamos comenzar, por ejemplo, contemplando una flor y llegar muy rápidamente a algo aparentemente sin relación, como el precio de un tiquete de tren en otro país. Sin embargo, cometemos un error si suponemos que nuestra mente es un espacio privado, aislado de los demás. Cuando desarrollamos nuestra concentración lo suficiente como para controlar nuestro tráfico mental, comenzamos a percibir que la esfera de la mente fluye y refluye a través de todos nosotros, que los pensamientos se mueven de una persona a otra con una promiscuidad desenfrenada, y que casi siempre un pensamiento que “nos viene a la mente” no es nuevo, sino que ha llegado de otro lugar.
Durante la reciente epidemia, aprendimos sobre la necesidad de la higiene física y vimos las consecuencias, a veces dolorosas, de no cumplir las normas. Debemos considerar que la pureza mental es igual de importante; los pensamientos son tan contagiosos como cualquier virus y pueden ser igualmente destructivos.
Por supuesto, pocas personas tienen suficiente fuerza mental para excluir realmente los pensamientos no deseados. Si tomamos como imagen un jardín, es muy difícil mantener fuera todas las malas hierbas invasoras, pero si alimentamos y regamos las plantas que deseamos cultivar —por su sombra, por su perfume y por sus frutos—, ellas mismas ayudan a evitar que las malas hierbas se propaguen. Por lo tanto, los sabios, sea cual sea la tradición en la que vivan, adoptan el hábito de la oración, ya que las palabras de las oraciones esparcen semillas de amor, armonía y belleza en el suelo de la conciencia. Y enestos tiempos turbulentos, también deberíamos pensar en rezar juntos, ya que eso tiene un efecto más fuerte. En Gayan Tanas, hay un dicho:
Granos de trigo, ¿por qué crecéis tan juntos?
– La unión es nuestra fuerza; por eso buscas en nosotros tu sustento vital.
Traducido al español por Arifa Margarita Rosa Jauregui
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