Amina Begum: Los niños de hoy

Durante la primera semana de mayo, podemos recordar a Amina Begum, la esposa de Pir-o-Murshid Inayat y madre de sus cuatro hijos, ya que nació en Albuquerque el 8 de mayo de 1888 y falleció en París el 2 de mayo de 1949.
Amina Ora Ray Baker, también llamada Sharda, estaba destinada a ser el apoyo y el alma gemela de Hazrat Inayat Khan, y juntos afrontaron todas las dificultades de la vida familiar en medio del intenso trabajo espiritual, a menudo muy público, del Mensaje.
El siguiente es un artículo que ella escribió para la revista trimestral «Sufi», publicado en mayo de 1917. En aquella época ya tenía dos hijos, Noor, de 3 años, y Vilayat, de 11 meses, y estaba embarazada de seis meses de Hidayat.
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Los niños de hoy
Observar el desarrollo de un recién nacido desde la infancia hasta la niñez es un muy interesante estudio de la Filosofía de la Naturaleza.
A primera vista, se podría pensar que los niños de hoy en día son más inteligentes que los del pasado. Pero esto no puede decirse especialmente del niño de hoy, pues los niños de todas las épocas han mostrado la evolución gradual del mundo. La agudeza de un niño pequeño siempre ha desconcertado a los abuelos, que confiesan que nunca supieron hasta bien crecidos lo que su nieto ya parece saber, y nunca comprendieron hasta más tarde lo que un niño comprende hoy.
Este hecho demuestra lo indeseable que es que los padres intenten limitar a sus hijos al ámbito de sus propias creencias, que tal vez sea estrecho y pueda obstaculizar la difusión y el logro de conocimientos en niños que ya tienen una visión amplia de la vida. Hay que entender que los niños deben tener ante sí un amplio espacio para pensar y actuar libremente; es como la libertad del parque para sus juegos en comparación con los estrechos límites del patio trasero de casa. No hay que considerarlos siempre como niños pequeños que no saben nada. Un estudio agudo de la naturaleza de un niño revela que saben y comprenden mucho más de lo que parece. Ciertos signos de los planos superiores que están ocultos a los ojos de las personas adultas se revelan a los niños pequeños.
El pasado, el presente y el futuro pueden aprenderse de los movimientos de un bebé, y de las palabras de un niño, porque están más cerca del plano espiritual, y sus corazones son puros para recibir las impresiones que se reflejan en ellos desde las esferas interiores. A veces, un niño que empieza a hablar dice cosas inauditas, y los padres, desconociendo el misterio, no prestan atención. Los adultos están siempre tan absortos en las preocupaciones de la vida que consideran sus asuntos como los únicos importantes y las preocupaciones de los niños como un juego. Esto hace que los padres no sean conscientes de la complejidad de la inteligencia del niño hasta que éste tiene edad suficiente para comprender por sí mismo. La ayuda que podríamos prestar a los pequeños es estudiarlos en sus pensamientos y acciones, y considerar cada uno de sus pensamientos y acciones tan importantes como los de una persona adulta, con lo que no sólo ayudaríamos al niño, sino que daríamos una nueva tendencia a nuestros propios pensamientos. De este modo, podemos fomentar los pensamientos y acciones deseables y frenar sin riesgo o sin peligro los indeseables, sin obstaculizar el desarrollo de su inteligencia.
Traducido por Inam Anda
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