¿Lo dices en serio?
Recientemente, un amigo me preguntó, “¿Qué cualidad podríamos cultivar que le agrade más a Dios?”. Es una pregunta que vale la pena; cualquier creyente debería querer alegrar el corazón del Creador. Más aun, entre las muchas alternativas que tenemos, la primera y más fundamental elección es dejarse llevar pasivamente por la vida, o buscar la forma de mejorar. Podríamos estar tentados de tomar el camino fácil, y dejar que las cosas pasen simplemente, pero no elegir un camino también es una elección.
En la búsqueda de lo que más puede agradar al Único Ser, podríamos pensar primero en virtudes como la bondad, la compasión, la generosidad que facilitan la vida a quienes nos rodean, cualidades tan inspiradoras que se consideran atributos divinos en el islam. Dios, en Su perfección, no puede limitarse a ninguna forma, pero Él está, por así decirlo, rodeado de un aura de cualidades Divinas que se reflejan, a veces solo tenuemente, en nuestro comportamiento: la ternura y la misericordia son ejemplos, al igual que la perfección de la justicia, la compasiva disposición al perdón y el abrazo infinito del Amigo.
Dado que todas las cualidades, en especial los atributos que llamamos Divinos, tienen su origen en el Uno, podríamos pensar que desarrollar cualquier virtud hasta la perfección abriría el camino hasta el corazón de Dios. Por ejemplo, Alá es Halim, el tierno, y si logramos que nuestro corazón sea lo más tierno posible, podríamos suponer que Él estará complacido. ¿Y si, como Arjuna en el Bhagavad Gita, la Divinidad nos ha diseñado el destino de un guerrero? ¿No sería mejor en ese caso buscar la firmeza y el poder?
En otras palabras, algunas cualidades parecen más adecuadas para ciertas vidas que para otras. Entonces ¿Cómo decidir? Si debemos elegir, ¿deberíamos basarnos en nuestras fortalezas, y escoger una cualidad que ya percibimos como propia? ¿O deberíamos buscar cualidades que nos resulten ajenas a nuestra naturaleza, con la esperanza de encontrar un equilibrio?
Afortunadamente, existe una cualidad que siempre es apropiada y que refleja a la perfección la Divinidad: la sinceridad. Un diccionario define la sinceridad como la ausencia de engaño o hipocresía. Si lo expresamos en forma positiva, podríamos decir que la sinceridad es la expresión veraz de lo que albergamos en nuestro corazón. No podemos concebir jamás que la Divinidad sea engañosa o hipócrita, y por consiguiente podríamos tratar de adoptar el mismo comportamiento, comenzando por el centro, con nuestra relación con Dios. Si repetimos nuestras oraciones mecánicamente, sin sinceridad, entonces Dios no es verdaderamente real para nosotros, Cuando logramos orar con sinceridad, desde el corazón, Dios se hace una realidad en nuestro corazón, y eso sin duda agrada al Creador. Esa es la luz que brilla en el refrán del Gayan Chalas: Un solo momento de una vida sincera vale más que mil años de una vida de falsedad.
Traducción al español: Hafiz Juan Manuel Angel
Discover more from The Inner Call
Subscribe to get the latest posts sent to your email.

Murshid muchas gracias por este post tan bello, tan poderoso. He encontrado que hay que detenerse un poco, en el silencio del Amigo aprender su cualidad de la sinceridad.
Querido Murshid.
Me gustó mucho la reflexión.
Siento ciertamente, que cuando se ora y se busca a Dios con conciencia y con el corazón abierto a El…. se siente una cercanía y una paz, que no se encuentra en ninguna parte más.
Gracias, gracias, gracias.🤎❤️💞
Gracias a ti, querida Mahila, por compartir. Dios nos acompaña siempre.
Si, así es – El siempre escucha sinceramente, y al darnos cuenta de eso, hay un cambio en nuestro manera de orar.