Forgive us our debts (Spanish version)

Perdona nuestras deudas 

La gente a menudo se siente insatisfecha con las desigualdades de la vida. Mientras algunos parecen caminar con soltura bajo el sol, otros tropiezan con una piedra tras otra; unos pocos se abren paso entre la riqueza y la abundancia mientras que muchos otros se acurrucan en la más absoluta pobreza. Es más, hay circunstancias en las que estamos seguros de no haber recibido lo que nos corresponde: un hermano puede sentirse menos querido que otro; un miembro de la familia puede tener que asumir todas las tareas del hogar; un trabajador puede descubrir que a otro le pagan más por el mismo trabajo. Y si a pesar de todos esos obstáculos logramos adquirir algo, siempre existe la posibilidad de que algún ladrón sin rostro se lo robe. 

Los sabios conocen estas quejas, pues todos han tenido las mismas experiencias, pero la espiritualidad no promete una vida tranquila y fácil. Mas bien, todo lo contrario, ya que el reino espiritual se encuentra en el interior, no en el exterior, y las dificultades que conocemos parecen surgir en nuestro mundo exterior. Podemos estar seguros de que cualquier autoproclamada autoridad que nos prometa seda y cisnes en nuestro camino espiritual se engaña y quiere compartir su ilusión. Sin embargo, en Boulas del Gayan hay un dicho interesante: Cuando un hombre te niega lo que te debe, su deuda se carga en la cuenta de Dios. 

Al contemplar esto, podemos sentir un atisbo de optimismo. “Sí, después de todo, ¿cómo podría ser de otra manera?” nos diríamos.  “El Señor es recto y Justo y se encargará de que todas las deudas se paguen”. Entonces, como el soñador del cuento que contaba el crecimiento geométrico de la riqueza partiendo de una pareja de conejos reproductores, podríamos comenzar a calcular lo ricos que seremos cuando finalmente nos sea pagado todo lo que nos deben – ¡quizás con interés compuesto! Para hacer más fácil nuestra fantasía, suponemos que Dios, como modelo supremo de cortesía, pagará puntualmente mediante depósito directo y por lo tanto no estaremos obligados a llamar a su puerta y presentar una factura. 

Pero mientras soñamos con que se haga justicia, deberíamos preguntarnos si nosotros mismos también debemos algo. Si Dios es tan exacto que se preocupa por cada deuda pendiente, entonces ¿estamos seguros de no haber dejado algo en el lado equivocado del libro de cuentas? Dejando a un lado las deudas materiales, ¿Qué decir de los deberes de bondad, cuidado y consideración con aquellos cuyas vidas se han cruzado con las nuestras de alguna manera? Y más allá de nuestras responsabilidades con nuestros semejantes, ¿qué le debemos a nuestro Creador? El don de la vida y todo lo que conlleva es invaluable; lo que se da con amor, solo se puede devolver con amor. 

Si, todas las deudas algún día serán borradas, ya sea pagadas o canceladas, pero antes de intentar calcular nuestras ganancias el día de pago, la persona sabia pensará más en el amor, la compasión y el perdón del Uno que puede perdonar todas nuestras deudas. La justicia es el cumplimiento de la ley, pero en Talas del Vadan encontramos este dicho: Por encima de la ley está el amor; por encima del amor está el Amado. Si queremos ascender hacia el Uno, debemos esforzarnos por dejar atrás nuestros agravios por las deudas impagas y respirar la atmosfera del amor. Puede ser difícil perdonar algunas cosas, pero en la oración Khatum encontramos “Enséñanos tu amoroso perdón” La mejor manera de aprender esto es reconociendo cuánto perdón necesitamos nosotros mismos. 

Traducción al español: Hafiz Juan Manuel Angel 


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