Hazrat Inayat : Conventionality Q & A (Spanish version)

Hazrat Inayat: convencionalismos, preguntas y respuestas (P y R) 

Después de una corta lección sobre el tema del convencionalismo, impartida el sábado 21 de julio de 1923, Hazrat Inayat Khan respondió preguntas a sus estudiantes. La idea general de la convención social también fue discutida en esta carta a los murids.  

P. ¿Nos dirías qué tiene la mayor influencia sobre el individuo, la herencia o el entorno? 

R. La herencia es el cimiento de la casa y el entorno es la construcción. A partir de esto puedes comprender qué es más útil y qué menos, así como qué tiene mayor influencia y qué tiene menos. 

P. La gente más civilizada ha sido la más convencionalista. ¿Cómo es que generalmente el artista no es para nada convencional? 

R. El artista vive en su propio mundo. Entre más grande el artista, tiene más su propio mundo. No vive en el mundo. Todos aquellos que viven en su propio mundo están fuera del mundo, tienen una civilización propia. Pero cuando se llega al asunto de la vida mundana, de la vida en el medio del mundo, aparece la cuestión del convencionalismo. Él no puede ignorar las convenciones y, al mismo tiempo, vivir en medio del mundo. 

Paderewski* no tenía el tiempo suficiente para peinar su cabello. Esto es otra cosa. Pero no pienso que hubiera podido llegar a presidente sin cepillárselo. Como artista, está bien, pero como hombre en medio del mundo, él tiene un mundo por encarar.  

P. ¿No es el convencionalismo, con bastante frecuencia, el resultado de unos hábitos y una sensibilidad personales? ¿Cómo sería posible saber qué cambiar y qué mantener, cuando las convenciones de cada persona dependen de su entorno? ¿Siempre habría, con seguridad, gente que disentiría en esto? 

R. Por supuesto, esto hace necesario la exclusividad de los entornos. También esto es la causa de las divisiones de la humanidad. Y, sin embargo, ninguna civilización puede evitarlo muy bien, sin importar lo mucho que avance en sus pensamientos. El progreso creará necesidades de este tipo; ellos no lo admitirán, pero vivirán igual. Pero yo pensaría que la mejor manera de comprender el convencionalismo es la espiritual. Una vez alguien comprende la moral espiritual, ya no necesita aprender el refinamiento hecho por la gente. Este llegará por sí mismo, tan pronto comienza a considerar el placer y el disgusto de Dios en el sentimiento de cada persona que encuentra, no puede sino ser más refinado, cualquiera que sea la posición de su vida. Puede vivir en una choza, pero sus modales van a superar las maneras de los palacios.  

Algo más, cuando alguien ha empezado a juzgar sus propias acciones, la ecuanimidad se desarrollará en su naturaleza. Y entonces todo lo que haga será justo y equitativo. No necesita mucho el estudio de las convenciones exteriores; naturalmente se volverá convencional. Y el tercer punto es esa concepción sufí de Dios como el Bienamado. Cuando esta concepción es practicada en la vida diaria, y uno tiene en cuenta, en su trato con cualquier otro, que en todos se encuentra el Espíritu Divino, más o menos, uno estima a todos con esa devoción y respeto, con ese pensamiento y consideración que uno tendría hacia el Bienamado Dios. Y en esas tres maneras, esta vida espiritual nos enseña la verdadera profundidad de los convencionalismos. Y si se construyera una civilización, que sin duda algún día se construirá, sobre una base espiritual, los convencionalismos del mundo se volverían genuinos y dignos de tener. 

P. ¿Piensa usted que los convencionalismos se basan fundamentalmente en el sentido común? 

R. A veces están basados en el sentido común, a veces en el sentido superior, otras por debajo de él. 

P. ¿Cómo podemos hacer que las personas sin educación vean algo que, a sus ojos, no existe; allí donde creen que no existe lo que la gente aristocrática siente como necesario para su felicidad? 

R. La civilización significa progreso. Aquellos que no son educados tienen que ser educados para comprender mejor la vida. Solo hay dos cosas: o se avanza, o se retrocede. O bien comienzas a pensar como lo hacen los que carecen de educación, o bien llevas contigo a quien no está educado y sigues adelante. O lo uno, o lo otro. La inclinación interior es avanzar, y tomar suavemente a quien justo ahora no puede comprender, pues las cosas bellas existen para beneficio de la humanidad. 

Yo pensaría que, si un hombre común de la calle está descuidado, los demás le vuelven la espalda. Si fuera llevado más cerca de sí mismo, si fuera enseñado con sencillez y buena voluntad, sin mostrarle que es ignorante de la belleza o de la cultura, sino mostrándole que en ello está su beneficio real, estoy seguro de que no se darían las condiciones tan malas como lo son ahora. Y entre las clases (sociales) habría un mejor entendimiento que el de ahora.  

Te contaré un pequeño ejemplo. Cuando viajé por India, me alojaba en un lugar cercano a un templo hindú. Allí había dos porteros que cuidaban aquel templo. Eran de Afganistán, orgullosos y severos, toscos y rígidos a su manera, y sin embargo en su expresión había honestidad y bondad. Cuando crucé la entrada los vi ignorando, por así decir, mi entrada y salida, no fuera que tuvieran el problema de atender a convencionalismos. Uno de ellos vino a mí con un mensaje de su maestro. Me levanté de mi puesto y lo recibí más cordialmente. Y desde ese momento, cada vez que yo pasaba, aunque fuera cinco veces en un día, yo era muy bien recibido con sonrisas, y con una muy cálida bienvenida, y no hubo más indiferencia, pues a esa persona se le dio la educación sin herir sus sentimientos. Eso le dio el placer; con seguridad, él pensó que también podía darlo a otro. 

Forzar una virtud sobre alguien es orgullo, pero dejarlo ver la belleza de una buena costumbre, eso es educación. La condición de hoy mejoraría mucho si lo hiciéramos de corazón, y viéramos como nuestra tarea sagrada acercarnos a la gente que necesita maduración, en un modo tan gentil, con tal simpatía y amor, y desarrolláramos en su espíritu esa cultura y belleza que, así, sería compartida entre nosotros y ellos. 

*Ignacy Paderewski (1860-1941) fue un compositor y pianista polaco con quien Hazrat Inayat Khan tuvo contacto personal. Paderewski interrumpió su carrera musical para trabajar por el restablecimiento de un Estado polaco independiente, después de la Primera Guerra Mundial, y en 1919 fue su primer presidente. 

Traducción por Vadan Juan Camilo Betancur Gómez 

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