Hazrat Inayat : Initiation pt XXII (Spanish version)

Hazrat Inayat: Iniciación pt XXII

Con esta entrega, concluimos la serie de enseñanzas de Hazrat Inayat Khan en el tema de iniciación.  Después de explorar cuidadosamente aspectos como la actitud necesaria, y los métodos que el maestro puede emplear para ayudar al estudiante, y después advertirnos que siempre es difícil para un murid reconocer su propio progreso, aquí concluye dándonos algunas claves de lo que podría esperarse mientras avanzamos. La publicación anterior puede encontrarse aquí.

Hay un sinnúmero de señales externas de nuestro progreso, pero uno no necesita pensar que, en ausencia de esas señales, no está progresando. ¿Cuáles son estas señales de progreso? La primera es que uno siente inspiración, y que las cosas que uno no pudo entender ayer, hoy son fáciles de entender.  Con todo, si hay cosas que uno aun no está listo para entender, debería tener paciencia hasta mañana. Alterarse por la falta de inspiración implica cerrar las puertas a la inspiración.  La intranquilidad no está permitida en este camino; la agitación perturba nuestro ritmo y nos paraliza, y al final, demostramos ser nuestro propio enemigo. Pero, por lo general, las personas no lo admiten, y por el contrario culpan a los demás; o, si tienen sentimientos desagradables hacia los demás, culpan a las circunstancias, aunque, con mucha frecuencia, es su propia falta de paciencia en lugar de los demás o de las condiciones.

 La siguiente señal de progreso es que uno comienza a sentir poder. Hasta cierto punto pude manifestarse físicamente y también mentalmente; y luego el poder puede manifestarse en sus asuntos de la vida. Como la búsqueda espiritual es interminable, el poder no tiene fin.

La tercera señal de progreso es que uno comienza a sentir un júbilo, una felicidad. Pero, a pesar de ese sentimiento, es posible que nubes de depresión y desesperación vengan de fuera, y uno podría pensar en ese momento que toda la felicidad y alegría que había ganado espiritualmente, le ha sido arrebatada, pero no es así.  Si el gozo espiritual podría ser arrebatado, no sería gozo espiritual. No es como las comodidades materiales, cuando nos las quitan, las perdemos; pero la alegría espiritual es nuestra, es nuestra propiedad; ni la muerte ni el deterioro pueden quitárnosla. Cambiantes nubes, como aquellas que cubren al sol, podrían cubrir nuestra dicha, pero cuando se dispersan, encontraremos que nuestra propiedad está todavía allí, en nuestro corazón.  Es algo de lo que podemos depender, algo que nadie nos puede quitar.

Hay otra señal de progreso, y es que uno se vuelve valiente.  Cualquiera que sea la situación en la vida, ya nada parece asustarle a uno nunca más, ni siquiera la muerte. Entonces uno se vuelve valiente en todo lo que podría parecer aterrador, y se desarrolla un espíritu valeroso, un espíritu que nos da paciencia y fortaleza para luchar contra las condiciones adversas, por terribles que parezcan.  Incluso puede desarrollarse hasta tal punto que a uno le gustaría pelear con la muerte.  Para una persona así, nada parece ser tan terrible que se sienta impotente ante ello.

Aun hay otra señal de progreso y es que, a veces, uno comienza a sentirse en paz. Esto puede incrementarse tanto que una sensación de tranquilidad llega al corazón. Uno podría estar en soledad, pero incluso si está en una multitud, aun se siente sosegado. La vida en el mundo es muy emocionante, tiene un efecto agotador en una persona sensible. Cuando uno está inquieto, las condiciones de vida pueden hacer que experimente la mayor incomodidad porque no hay mayor dolor que la inquietud. Y si hay un remedio para la falta de paz, es el progreso espiritual. Una vez que se desarrolla la paz en el alma, esa alma siente un poder tan grande y tiene tanta influencia sobre quienes se acercan a ella, y sobre todas las condiciones perturbadoras e influencias discordantes que vienen de todos lados, que, así como el agua hace que el polvo se asiente, todas las influencias discordantes se asientan bajo los pies del que está en paz. ¿Qué aprendemos de la historia contada en la Biblia, acerca de Daniel, quien fue arrojado a la guarida de los leones – que sugiere esta historia? ¿Fue el hipnotismo de Daniel que calmó a los leones? Si hubiera sido hipnotismo, ¡deja que los hipnotizadores de hoy vayan donde los leones y prueben la experiencia! No, fue su paz interior. La influencia de esa paz actúa tan poderosamente sobre todas las pasiones, que incluso calma a los leones y los hace dormir.

Uno puede poner la excusa de que su entorno le perturba, que sus amigos son problemáticos, o que sus enemigos son terribles: pero nada puede resistir esa paz que se despierta en el corazón. Todo debe calmarse, todo debe asentarse, como el polvo luego de que se le haya rociado agua.

Pero si este poder no llega de inmediato a un murid, que no se decepcione. ¿Alguien puede esperar hacer todo este viaje en una semana? No me sorprendería si muchos murids esperan hacerlo, pero es un viaje de toda la vida, y los que en verdad lo han logrado son aquellos que nunca han dudado que progresarían.  Nunca han permitido que una duda entre en sus mentes para ponerles trabas.  Ni siquiera se han preocupado por este asunto. Solo saben que deben alcanzar la meta, que la alcanzarán y que si no la alcanzan hoy, la alcanzarán mañana.  La actitud correcta es nunca dejar que la mente sienta, luego de haber dado algunos pasos, que deber ir a la izquierda o a la derecha. Si un hombre tiene esa fortaleza que es la fe, ese es todo el poder que necesita en el camino.  Puede avanzar y nada lo obstaculizará y al final logrará su propósito.

Traducido por Inam Anda

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