Hazrat Inayat : Message and Messenger pt II (Spanish version)

Hazrat Inayat: Mensaje y Mensajero pt II 

Continuamos con la serie de conferencias sobre un tema que es central en el trabajo de Hazrat Inayat Khan. En la historia de la visita de Usman Haruni al templo de Kali, el discípulo ha sido identificado tradicionalmente como Moinuddin Chishti, quien posteriormente se convirtió en una de las más grandes figuras espirituales de la India. La publicación anterior puede ser encontrada aquí. 

En todas las épocas y a todos los pueblos ha sido enviado el mensaje de Dios. Y ese mensaje ha sido conservado por aquellos que lo recibieron a través de una escritura, y el nombre del mensajero y su honor ha sido mantenido en alto por aquellos que han seguido ese mensaje en particular. Sin importar en qué momento de la historia del mundo vino el mensaje, una cosa es cierta: que siempre ha penetrado el corazón del hombre y ha dejado su impresión y su influencia, siempre multiplicándose y expandiéndose, probando ser el mensaje de Dios. Y no hay mejor ejemplo de esta verdad que la venida de Jesucristo, y el hecho de que entregó su mensaje a tan pocos – principalmente a pescadores. Aunque las condiciones en las que el Maestro tuvo que entregar su mensaje eran difíciles, en todo caso el mensaje era de Dios, y no falló en dejar una duradera impresión en las almas de los hombres. 

Como es el mensaje de Dios, cuando sea que viene, proviene de la misma fuente. Cuando vino hace mil años, era Su mensaje; cuando vino hace cien años, era Su mensaje; y si viniera hoy, sería también Su mensaje. ¡Que ignorante ha sido el hombre a través de todas las épocas! Y aun hoy muestra su ignorancia, pues cuando quiera que el mensaje ha llegado, el hombre ha combatido, peleado y discutido. El hombre se ha ceñido a un profeta e ignorado a los demás, porque, aunque conocía su religión no conocía el mensaje. Tomó el libro como su religión sin reconocer el mensaje. 

Si esa no fuera la tendencia general, entonces ¿cómo hubiera podido ser crucificado Jesucristo con un mensaje tan espiritual? Hubo profecías, y además de profecías el Maestro en sí mismo era la evidencia de su mensaje, como lo dice el proverbio: “Lo que eres habla más fuerte que lo que dices”. Y ¡Qué tan densamente vendados deben estar los ojos del hombre por la religión, la fe, la creencia que profesa, que solo puede aceptar a un mensajero y rechazar el mensaje dado por otros profetas, sin conocer que el mensaje es uno y el mismo! 

Una cosa es amar y otra comprender. Quien ama al mensajero es un devoto; pero quien conoce al mensajero es su amigo. Hay una tendencia en la raza humana, que ha estado presente en todas las épocas: lleva al hombre a aceptar toda expresión del mensaje que le ha sido dado, a ser conquistado por éste, bendecido por éste y sin embargo dejar de reconocer quién es el mensajero. Los seguidores de cada forma del mensaje profesan devoción por su Señor y Maestro cualquiera haya sido su nombre en el pasado, pero no necesariamente conocen al Maestro. Lo que conocen es el nombre y la vida del Maestro que ha descendido a ellos a través de la historia o la tradición; pero más allá de esto saben muy poco el él. Si el mismo viniera en otra forma, en un traje adaptado a otra época, ¿lo reconocerían y lo aceptarían? No, ni siquiera lo reconocerían, porque no fue el mensaje sino la forma lo que aceptaron en el pasado; un cierto nombre o carácter, una parte, pero no el todo. 

Hay una historia sobre un gran sufí de la India, cuyo nombre era Usman Haruni. Era un murshid al que acudían miles de discípulos, entre ellos muchas de las personas más eruditas y filosóficas de la época. Él les enseñó las más profundas verdades del misticismo y más que todo a rendir culto a Dios sin nombre y sin forma. Pero llegó un momento en que les dijo, “Hasta aquí he rendido culto según la tradición, pero ahora siento que debo ir a postrarme con toda humildad ante la imagen de la diosa Kali”. Sus discípulos se espantaron. Que él, cuya concepción de Dios había sido tan elevada, debiera ir y hacer reverencia ante la horrible imagen Kali, cuya adoración iba a quebrantar la ley de su religión, estaba más allá de todo lo que podían concebir, y los llevó a temer que su maestro hubiera perdido la razón. Algunos pensaron incluso que estaba andando el camino equivocado. 

Así, cuando el maestro acudió al templo de Kali, solo uno de sus discípulos vino con él, un joven cuya devoción por el maestro era muy grande. Mientras marchaban, el maestro dijo al discípulo, “deberías regresar. Ellos son muchos y seguramente tienen razón; yo tal vez estoy equivocado”. Pero el joven hombre continuó siguiéndolo. Cuando llegaron al templo, el maestro se conmovió tanto con los pensamientos que la diosa le suscitó que se postro con humildad. Y el discípulo, parado al lado, observó con compasión pensando cuantos seguidores había tenido su maestro, y cómo, en un momento, todos lo habían abandonado. Cuando el maestro se levantó dijo, “¿todavía me sigues?”. Y cuando el discípulo dijo que así era, el santo hombre lo interrogó aún más, “¿pero tal vez no entiendes por qué me sigues?” Entonces el joven dijo, “tú me has enseñado la primera lección del camino espiritual: que nada existe excepto Dios. ¿Cómo entonces puedo yo excluir esta imagen de Kali, si tu escogiste hacer reverencia y postrarte ante ella?” 

Continuará… 

Traducción al español: Hafiz Juan Manuel Angel 

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