Hazrat Inayat : The Knowledge of Truth pt III (Spanish version)

Hazrat Inayat : El conocimiento de la verdad pt III 

Continuando con este tema, Hazrat Inayat Khan habla sobre el logro de la verdad en nuestras propias vidas. La publicación anterior en la serie se puede encontrar aquí 

Ahora, acerca del logro de la verdad. Sin duda, como se comentó anteriormente, el primer paso para alcanzar la verdad no se puede enseñar en los libros, o impartir por un profesor. Debe llegar espontáneamente, básicamente a partir del amor por la verdad. El siguiente paso es buscarla. El tercer paso es el logro en sí mismo. 

¿Cómo podemos alcanzarla? Para alcanzar la verdad debemos hacer que nuestra propia vida sea verdadera. Esto es la vida en su aspecto moral. Mientras más verdaderos seamos en nuestra vida cotidiana, mientras más practiquemos esta moral a pesar de su gran dificultad, más nos acercamos a la única religión que existe. Pero es lo más difícil practicar esta moral en este mundo de falsedad, en el que cada movimiento que uno hace es tocado por cierta irrealidad que lo impresiona. Cada momento en la vida de una persona es tocado por falsedad que es probable que la impresione.  

El amor por la verdad nos da una apreciación por la verdad, y todas las pequeñas sombras de verdad se reflejan más y más en el corazón de tal persona, hasta que al final expresa sinceridad en su naturaleza. Buscar la verdad nos permite aprender a apreciar todo lo que viene de los corazones sinceros. Al pasar del estado de persona natural, al de amante de la verdad y buscador de la verdad, uno comienza a expresar la verdad. 

El lado intelectual de esto es que cuando amamos la vida verdadera, naturalmente la inteligencia – la antorcha con la que se ven tanto el mundo visible como el invisible – comienza a ayudarnos y las nubes de la ilusión que están por dentro y por fuera comienzan a dispersarse. La persona comienza entonces a ver con su propia luz en sus manos. Es una pista hacia este proceso que encontramos en las palabras de Jesucristo, “Eleven alto su luz, que nadie la cubra con un cajón.” El acto de elevar la luz a lo alto es sostener la antorcha de la inteligencia en nuestra mano para ver el mundo exterior – aquello que es visible – y también el mundo que está en el interior y es invisible.  

Como ya se ha dicho, la verdad es el mismo ser del hombre. La verdad es el elemento divino en el hombre. Por eso, tan pronto como las nubes de la ilusión se dispersen, aquello que el hombre comienza a ver no es más que la verdad que ha estado ahí todo el tiempo. Encuentra que la verdad nunca estuvo ausente; solo estaba cubierta por las nubes de la ilusión. Al cambiar su propia naturaleza, al volverse más sincero, dispersa las nubes de falsedad en su interior y en el exterior, y comienza a ver la vida como realmente es, tanto interna como externamente. A partir de entonces, el significado de la religión se aclara. 

Comenzamos a entender lo que los grandes maestros han enseñado. Entonces nos volvemos más tolerantes a las diversas religiones. Nada vuelve a parecer extraño. Nada es sorprendente. Porque ahora comenzamos a conocer la naturaleza más profunda del hombre; vemos la causa detrás de cada acción. Por eso, la tolerancia y el perdón y la compresión de los demás se vuelve algo natural. La persona que conoce la verdad es la más tolerante. Es el conocedor de la verdad quien sabe perdonar; es el conocedor de la verdad quien entiende el punto de vista de la otra persona. Es el conocedor de la verdad quien no está listo a expresar su opinión, porque respeta la opinión de los demás. 

Cuando una persona gana intuición sobre sí misma, también gana intuición sobre los corazones de los demás. Todo este deseo de aprender poderes ocultos o místicos o poderes psíquicos desaparece, porque comienza a ver todo este poder en una sola verdad – amar la verdad, buscar la verdad, perseguir la verdad, vivir una vida verdadera – que esto es lo que abre todas las puertas. No necesita aprender a leer la mente. No necesita aprender poderes secretos u ocultos o poderes psíquicos para penetrarse en el corazón del hombre. El corazón de cada persona está abierto para ella.  

Cuando nuestro corazón está cerrado, está cerrado para todos los demás corazones. Es la falta de conocimiento de nosotros mismos lo que nos hace ignorantes de ellos y cerrado a nosotros. Decir que una persona “no abre su corazón” significa que su propio corazón no está abierto. Si pudiese entenderse a sí mismo, ese entendimiento por sí mismo lo ayudaría a entender al otro. Una vez que él mismo está abierto, la otra persona ya no le parece cerrada. Es la acción y reacción entre dos corazones. La apertura de un corazón tiene una influencia sobre el otro, y se abre. Cuando nuestro propio corazón está cerrado, el corazón de la otra persona, a pesar de estar abierto, se cerrará también. 

Continuará… 

Traducción por Darafshan Daniela Anda

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