Hazrat Inayat: El Espiritu de Guía pt I
Hazrat Inayat Khan comienza aquí una corta, pero muy profunda explicación de la naturaleza del Espíritu de Guía.
El Espíritu de Guía puede llamarse en otras palabras la mente divina; y así como la mente humana se completa al venir a la tierra, la mente divina se completa luego de la manifestación. De hecho, la mente del Creador está hecha de Su propia creación. La experiencia de toda alma se convierte en la experiencia de la mente divina: por lo tanto, la mente divina tiene el conocimiento de todos los seres. Es un depósito de sabiduría perfecta. Es el alma de Cristo y el espíritu de profecía, intuición, inspiración, visión y revelación, todo viene de la misma fuente de donde viene todo tipo de revelación, y esa es la mente divina.
Hay algunos que reciben el conocimiento de la mente divina indirectamente, y algunos que la reciben directamente. En aquellas almas que reciben la corriente central de Espíritu de Guía, se concibe el espíritu de profecía. Los mensajeros de todos los tiempos, de los que escuchamos en las historias y las traducciones del mundo, han sido almas en las que ha funcionado la corriente central de la luz divina. En otras palabras, los profetas de todas las eras han sido el reflejo de la mente divina en la tierra. Nadie ha visto nunca a Dios, y si alguna vez se ha manifestado la evidencia de la existencia de Dios, es en los hombres que reflejan a Dios. Aparte de todo lo que los profetas han enseñado, fue su personalidad la que probó su profecía. En su pensamiento, discurso y palabra reflejaban a Dios, lo cual era más de lo que la moral, las doctrinas y las enseñanzas podían hacer.
Toda persona inspirada refleja a su manera alguna chispa escondida en su corazón, que conquista al mundo. Un músico puede mostrar su inspiración en la música, Un poeta puede mostrarla en su poesía. Un artista puede mostrar su inspiración en su arte. Pero el rayo central de luz que reflejan los profetas, cayendo sobre cada plano y cada aspecto de la vida, hace que todas las cosas sean claras a su vista. Por lo tanto, la presencia del profeta despeja la perplejidad de las mentes de aquellos que están confundidos. En su presencia una persona puede sentir y pensar más claramente, aun sin haber hablado con él. Muchos olvidan sus preguntas al estar frente a un profeta, pues la luz que recae sobre sus corazones les trae la respuesta, y se dan cuenta que la respuesta estaba en ellos mismos, algo que ya sabían. Sin duda ambas, la pregunta y la respuesta están en el alma. La primera etapa del progreso del alma eleva la pregunta, y la segunda etapa trae la respuesta. Por esto, un alma profética es también médico, científico y artista. Un alma profética es capaz de comercializar, industrializar y realizar negocios, y es hábil en la guerra y competente en la pacificación.
El Espíritu de Guía es como la levadura que se usa para hacer pan, preparando a la humanidad para el propósito para el que fue creada. El Espíritu de Guía es una planta que crece y florece cuando encuentra respuesta y cuidado; y cuando es regada con la lluvia de la inspiración divina florece a la luz del sol divino. El Espíritu de Guía es la luz de Dios, que puede asimilarse a la linterna que el granjero lleva cuando camina por la finca en la oscuridad de la noche. Es como un reflector, que ilumina cualquier objeto sobre el que se proyecta; y así cuando la luz del Espíritu de Guía se proyecta en cualquier aspecto de la vida, el hombre recibe una comprensión profunda de ella. En el Espíritu de Guía se encuentra un Dios vivo que actúa en el corazón de cada persona.
Quien confía en el Espíritu de Guía para guiar su vida recibe la guía correcta. Siempre tenemos un consejo interior, pero quien ignora la existencia del Espíritu de Guía éste lo deja sólo por un tiempo, para que tenga que cuidarse a sí mismo. Es como la madre y el hijo dependiente que trata de sostener la mano de su madre a cada paso que da; entonces toda la atención de la madre se centra en cada paso de su hijo. Pero cuando el niño trata de moverse por su propia voluntad, y trata de mantenerse alejado, la atención de la madre, en alguna medida se libera. Esto no significa que la madre abandone completamente el cuidado del niño. Solo significa que permite al hijo hacer su propio camino hasta cierto punto, y siente pesar cuando el niño se cae y se lastima. De hecho, todas las almas son hijas de Dios, pero las almas que son conscientes de su relación con Dios, como lo son los hijos de los padres, ciertamente merecen ser llamadas hijas de Dios. Reciben un cuidado especial. Siempre son guiadas, porque solicitan la guía.
El alma del profeta, por lo tanto, muestra la inocencia de un niño. De lo que se conoce en el mundo sobre Jesucristo y su vida, el atributo más adorable del maestro era su inocencia a pesar de su perfecta sabiduría. Ciertamente, merece ser llamado el hijo unigénito que, durante toda su vida dependió de la guía de Dios para todo lo que dijo e hizo.
Continuará…
Traducción al español: Hafiz Juan Manuel Angel
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