Tales : The Gift that Solomon Refused (Spanish version)

Cuentos: el regalo que Salomón rechazó 

Sucedió una vez que para sorpresa del rey Salomón, mientras caminaba en su jardín con uno de sus ministros, un derviche vestido en harapos salió a su encuentro y se interpuso en su camino. El derviche se inclinó en saludo al rey y le dijo: “viva Salomón, el más sabio entre los hombres. Tengo en mi poder un raro y precioso regalo para darte”. 

“Saludos a ti, hermano”, dijo el rey, “¿cuál es el regalo que me ofreces?”. 

El derviche abrió su mano para mostrar una extraordinaria joya que parecía resplandecer con una luz interior. “Este es, oh, rey. Pero no es una simple gema, como la que muchos de vosotros tenéis en vuestras cámaras de tesoro. Esta piedra contiene el poder de garantizar deseos. Te cumplirá cada deseo al instante. Eso sí, tienes que mantenerla escondida, lejos de la vista de cualquier ojo. De lo contrario, el desastre caerá sobre ti y toda tu tierra irrevocablemente. 

El rey Salomón lo consideró un momento y luego extendió su mano. Mas en lugar de tomar la piedra, con gentileza cerró a su alrededor los dedos del derviche y sacudió su cabeza. 

Más tarde el ministro habló con el rey Salomón, expresándole su sorpresa por haber rechazado aquel asombroso regalo. “Pero quizá fue porque su Majestad reconoció que la afirmación era falsa”. 

“En absoluto”, respondió Salomón. “Había verdad en los ojos del derviche”. 

“Entonces no lo comprendo”, dijo el ministro. “¿Por qué rechazaría su Majestad un regalo que haría cumplir cualquier deseo? ¡Cuántas cosas seguramente podrían lograrse!”. 

“Por dos razones”, respondió Salomón. “Si algo tengo de sabiduría, tal vez sea esto: saber que no todos los deseos deben cumplirse. Seguramente un momento de reflexión le mostrará que esto es así. Y la segunda razón”, concluyó, “es que el derviche dijo que la gema tiene que estar escondida de cualquier ojo. ¿Pero cómo podría esconderse de Aquel que todo lo ve? En consecuencia, aceptar tal regalo sería doblemente desastroso”.  

Traducido por Vadan Juan Camilo Betancur Gómez 

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