Cuentos: el hombre que alimentó a un pueblo
Sucedió hace mucho tiempo que un astrologo le dijo a cierto hombre pobre que sus estrellas mostraban un futuro particularmente difícil.
“Las constelaciones son tales”, dijo el astrologo, “que el día de luna llena del próximo mes estas destinado a morir”.
El hombre se horrorizó, “¿Morir? ¿No hay forma de evitarlo?”
“Si”, dijo el astrologo. “La hay. Hay un remedio, pero es el único. Debes alimentar a un pueblo entero. El mérito del acto revertiría tu destino y te permitiría continuar viviendo”.
Esta noticia lo dejó profundamente deprimido. Era un hombre pobre que apenas podía alimentar a su familia, por lo que la idea de alimentar a todo un pueblo era inimaginable. Suspirando profundamente, comprendió que debía aceptar su destino, y prepararse para morir.
El día predicho por el astrologo, el hombre fue a sentarse a la orilla del rio, y pico algo, pero tenía poco apetito. Arrojo lo que no pudo comerse detrás de un árbol y se sentó a la orilla del rio, esperando con tristeza que la muerte viniera a buscarlo.
Cuando el sol se puso y la luna en el cielo, el hombre se dio cuenta que todavía estaba vivo, y comenzó a preguntarse si habría podido haber algún error.
Al día siguiente fue de nuevo donde el astrologo, y le preguntó sobre su predicción. “No hay duda”, le dijo el astrologo. “Tus estrellas son completamente claras – es imposible vivir más allá de ayer, a menos que hayas alimentado a todo un pueblo. Lo cual debiste haberlo hecho”, añadió, “puesto que te veo delante de mí respirando y hablando”.
“Pero ayer no di de comer a nadie” repicó el hombre. “Comí un poco yo mismo y arrojé las sobras a un hormiguero detrás de un árbol”.
“Esa fue tu salvación”, dijo el astrologo. “Alimentaste a miles de hormigas – más que un pueblo, ¡Toda una ciudad! Y sin duda es por ese merito por lo que estas vivo”.
Traducción al español: Hafiz Juan Manuel Angel
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