Leyendo en el quiosco To-chia en una clara mañana
Ya un año ha pasado desde que me convertí en gobernador de Ching-ch´i. No me puedo quejar de mi oficina y mi residencia, pero por alguna razón extraña rara vez he sido feliz aquí. Si mis sirvientes no están enfermos, los niños lloran. Una vez fuimos pobres y no tuvimos suficiente que comer, pero no es el hambre lo que me molesta ahora. Temprano en la mañana pongo un libro en mi manga y subo hasta el quisco para leer un poco. La luna y las estrellas siguen brillando; hay rocío en la hierba, ningún panel protege del viento. De repente siento que mi anciano y enfermo cuerpo no puede soportar más la ropa. ¿Cómo soporté alguna vez el calor que hace? ¡Es el frío lo que realmente me gusta! Pájaros blancos parecen mariposas en la distancia; una cigarra tararea lo que suena como un poema. Los pinos tornan mi espíritu en nieve; Respiro en la helada fragancia de los lotos. En un instante la tristeza y la alegría han desaparecido y siento como si hubiera dejado mi cuerpo. Los niños no se percatan de lo que sucede: me llaman para que baje a para tomar el desayuno.Traducido al inglés por Jonathan Chaves Traducido al español de la versión en inglés por Prajnabai Betancur
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