Hazrat Inayat : Initiation pt XVIII (Spanish version)

Hazrat Inayat: Iniciación parte XVIII

No todos los estudiantes pueden realmente ser llamados discípulos, como explica Hazrat Inayat Khan en esta entrega de nuestra serie en curso sobre la iniciación. La publicación anterior de la serie se puede encontrar aquí.

Hay cuatro tipos de discípulos, de los cuales sólo uno puede ser descrito como un verdadero discípulo. Un tipo es el discípulo de los tiempos modernos, que viene y le dice a su maestro: ‘Estudiaremos este libro juntos’ o ‘¿Ha leído ese libro? Es muy interesante’ o ‘He aprendido de otra persona antes, y ahora me gustaría aprender lo que pueda de usted, y luego pasaré a algo que sea aún más interesante’. Tal persona puede ser llamada un estudiante, pero no todavía un discípulo. Su espíritu no es el de un discípulo; es el espíritu de un estudiante que va de una universidad, de una escuela a otra; de un profesor pasa a las manos de otro. Puede ser muy idóneo para tales actividades intelectuales, pero el espíritu del discípulo es diferente.

Luego hay otro tipo, que piensa: ‘Lo que puedo sacar de él, lo conseguiré. Y cuando lo haya conseguido, entonces lo usaré de la manera que crea sea la mejor’. Bueno, su manera es la de un ladrón que dice: ‘Tomaré lo que pueda del bolso de esta persona, y luego lo gastaré en mi propio propósito’. Esta es una actitud equivocada, porque la inspiración y el poder espirituales no se pueden robar; un ladrón no puede tomarlos; y si tiene esta actitud, tal discípulo puede permanecer con un maestro durante cien años y aún así irse con las manos vacías. Hay muchos en este mundo hoy en día que hacen del robo intelectual su ocupación; cualquier cosa intelectual que encuentran, la toman y la usan. Pero no saben qué daño hacen con esta actitud. Paralizan sus mentes, y cierran su propio espíritu.

Luego, hay una tercera tendencia equivocada de un discípulo: retener algo que es lo más esencial, la confianza. Dirá: ‘Dime todo lo que puedas enseñarme, todo lo que pueda aprender, dame todo lo que tienes’, pero en su mente dice: ‘No te daré mi confianza, porque aún no sé si este camino es correcto o incorrecto para mí. Cuando me hayas enseñado, juzgaré. Entonces veré lo que es. Pero hasta entonces, no te doy mi confianza, aunque mis oídos están sintonizados a tus palabras’. Esta es la tercera tendencia equivocada. Mientras un discípulo no dé su confianza a su guía espiritual, no obtendrá el completo beneficio de su enseñanza.

La constancia es el reflejo de la eternidad.

El cuarto es el tipo de discipulado correcto. Y esto no viene solo por pensar que uno quisiera ir por el camino espiritual, o que uno quisiera ser un discípulo, un murid, un chela*, pero llega un momento en la vida de toda persona en el que las circunstancias lo han probado tanto que comienza a sentir el deseo de encontrar una palabra de iluminación, algún consejo, alguna guía, una dirección en el camino de la verdad. Cuando los valores de todas las cosas y seres están cambiando ante sus ojos, ese es el momento en que comienza a sentir hambre de guía espiritual. El pan está destinado a los hambrientos, no a los que están ya satisfechos. Si una persona como esta va en busca de un maestro, da el paso correcto; pero hay una dificultad, y esta es que, si quiere probar al maestro primero, entonces las pruebas no tendrán fin. Puede ir de un maestro a otro, del ser terrenal al ser celestial, probando a todos, y al final, ¿qué encontrará? Imperfección. La está buscando, y la encontrará. El hombre es un ser imperfecto, un ser humano, un ser limitado. Si quiere encontrar perfección en un ser limitado, siempre terminará por estar decepcionado, sea quien sea que conozca, ya sea un ángel o un ser humano. Si fuera lo suficientemente sencillo para aceptar a cualquier maestro que se le acercara y dijera: ‘Seré tu murid’, sería más fácil, aunque esto tal vez no siempre sea factible.

Alguien le preguntó a un brahmán: ‘¿Por qué adoras a un dios de roca, un ídolo de piedra? Mira, heme aquí, un adorador del Dios que está en el cielo. Esta roca no te escucha, no tiene oídos’. Y el Brahmán dijo: ‘Si no tienes fe, ni siquiera el Dios en los cielos te escuchará; y si tienes fe, esta roca tendrá oídos para oír’.

El camino intermedio, y el mejor camino, es consultar la propia intuición e inspiración. Si la intuición nos dice: ‘Buscaré la guía de este maestro, ya sea que es elevado por toda la humanidad, o que es examinado con desprecio y prejuicio por miles, no me importa’, entonces uno sigue el principio de constancia al adherirse a ese maestro. Pero si una persona no es constante en el camino espiritual, naturalmente tendrá dificultad al final. ¿Para qué es la constancia? La constancia es el reflejo de la eternidad. ¿Y qué es la verdad? La verdad es la eternidad. Entonces, al buscar la verdad, se debe aprender el principio de la constancia.

El discípulo debe tener plena confianza en la guía del maestro, en la dirección que le dé el maestro. Los budistas, que consideran a un maestro espiritual con gran reverencia, dicen: ‘No nos importa si es muy conocido o no; e incluso si lo es, no sabemos si aceptará nuestra reverencia; y si la recibe, no estamos seguros de que la necesite’. La adoración sólo se puede dar a aquellos de cuya presencia somos conscientes; y está especialmente dirigida al maestro espiritual, porque nos muestra el único camino que nos libera de todos los dolores de los que está llena esta vida. Es por esto que, entre todas las demás obligaciones que implican ganancia y beneficio terrenal, la obligación hacia el maestro espiritual es la más grande, porque se encarga de la liberación del alma en su camino hacia el nirvana, que es el único deseo de toda alma.

*=estudiante; una palabra sánscrita, por tanto a menudo utilizada en el contexto del yoga.

continuará…

Traducido por Darafshan Daniela Anda

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