Hazrat Inayat: El alma profética, parte III
Hazrat Inayat Khan describe ahora cómo ha sido percibido el profeta en Occidente y en Oriente. La entrada anterior está aquí.
Hay dos concepciones diferentes del alma profética. Una es la de los hindúes, que llamaban a las almas proféticas avatares, que significa encarnaciones de Dios. También distinguían los caracteres de sus avatares según sus afirmaciones. Algunos afirmaban ser el Avatar o la encarnación de Vishnu. Otros afirmaban ser la encarnación de Shiva. Para el pueblo de la India era más fácil comprender la idea de un profeta como un Dios encarnado que aceptarlo como otro ser humano. A la larga lista de profetas de Beni Israel no se llamaba encarnaciones. Se les llamaba los piadosos [con Dios], o los que estaban conectados con Dios. Abraham fue llamado Habib Allah, el amigo de Dios. Moisés fue distinguido como Kalam Allah, el que se comunica con Dios. Jesús fue llamado Ruh Allah, el espíritu de Dios. Mahoma fue llamado Rasul Allah, el mensajero de Dios.
La diferencia entre los profetas de los hindúes y los de Beni Israel, es que los profetas hindúes afirmaban ser Dios mismo. La razón era que, debido a su evolución filosófica, el pueblo de la India estaba preparado para aceptar lo divino en el hombre; pero en Arabia y Palestina, por el contrario, incluso la afirmación profética suscitó tal oposición contra los profetas que sus vidas estaban en peligro y su misión se volvió muy difícil de llevar a cabo.
Después de los que reivindicaban la divinidad, ha habido muchos reformadores en la India, a los que la gente respondió sin mucha dificultad, pero en Oriente Próximo siempre ha sido difícil, y siempre lo será. Por esta razón, la antigua escuela de esoterismo, la antigua Orden de los sufíes, tuvo dificultades para existir bajo el reinado de la ortodoxia. Muchos grandes sufíes han sido víctimas de los poderes ortodoxos que reinaban, hasta que el sufismo, que puede decirse que ha sido la madre de la reforma venidera en el mundo religioso, fue protegido por Persia y, al final, encontró una libertad aún mayor en la India, donde los hindúes lo respetaban y los musulmanes lo seguían sin la menor vacilación. En las casas de los sufíes, los seguidores de todas las religiones se reunían en amistad y en un sentimiento de hermandad.
El mensaje sufí que ahora se está transmitiendo en el mundo occidental es hijo de esa madre que se conoce desde hace tantos años como sufismo. Conecta las dos líneas de la misión profética, la línea hindú y la de Beni Israel, para que puedan convertirse en el medio para unir en Dios y en la verdad tanto a Oriente como a Occidente. Es la misma verdad, la misma religión, el mismo ideal, que han mantenido los sabios de todas las épocas. Si hay algo diferente, es solo una diferencia de forma. El mensaje sufí que se da ahora ha adoptado la forma adecuada para la época. Es un mensaje sin pretensiones; y el grupo de trabajadores de este mensaje, y los que lo siguen, se llaman el Movimiento Sufí. Su trabajo es recorrer el camino espiritual en silencio, sin pretensiones, y servir a Dios y a la humanidad. En esto radica el cumplimiento del mensaje.
Continuará…
Traducido por Inam Anda
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