Hazrat Inayat: Divine Impulse, pt I (Spanish version)

Hazrat Inayat: Impulso Divino, pt I

La Fuente del Impulso  

La primera pregunta a considerar en referencia al tema del impulso divino es: ¿De dónde viene cada impulso? Cada movimiento, cada vibración, cada moción tiene una fuente. Uno ve un indicio de esto en la Biblia donde dice: “La palabra era Dios”. La palabra significa vibración, y vibración significa movimiento. En el Vedanta Nada Brahma significa sonido. La vibración fue el primer aspecto o aspecto original de Brahma, el Creador. En el Corán leemos: “Sé, dijo Él, y se hizo”. Cada impulso, cada acción en cualquier plano de existencia tiene su origen en la única fuente. También se dice en el Corán: “Dios es todo poder; no hay más poder que el de Dios.” En todo lo que pueda ser hecho, lo que se hace es por Su poder.

Ahora surge la pregunta: Si todas las Escrituras dicen esto, ¿de dónde viene Satanás? ¿Cuál es el significado detrás del poder que se le atribuye a Satanás? Otro poder se sugiere además del poder de Dios, y a veces el poder atribuido a Satanás parece más poderoso que el poder atribuido a Dios. Este es un rompecabezas para muchos, que se preguntan dónde entra la acción de Satanás. La explicación se encuentra en la comprensión de la metafísica y de las leyes de la naturaleza.

Hay una ley, la ley natural, y todo lo que viene dirigido por la ley de la naturaleza es armonioso. Los jardines que el hombre ha hecho parecen por un momento mejorar el bosque, pero al final, al examinarlo, el jardín con sus estructuras artificiales se muestra limitado en belleza y armonía. La inspiración que se obtiene en el bosque, en el desierto es mucho mayor que en el jardín artificial, porque allí el hombre ha hecho limitada la inspiración, porque la vida que irradia es limitada.

El hombre hace una ley y descubre que no puede mantenerla; así hace otra ley, y nunca se satisface, porque no toma en cuenta la ley de la naturaleza de paz y armonía. Los hombres dicen que la naturaleza es cruel; sí, pero el hombre es mucho más cruel que los animales. Los animales nunca han destruido tantas vidas como el hombre. Toda la aparente crueldad de la naturaleza no puede compararse con la crueldad, la ignorancia y la injusticia del hombre.

Jesucristo dijo: “Hágase tu voluntad”. Hay mucho que podemos aprender en esto. El hombre hace otro mundo en el que vive, un mundo diferente del plan de Dios, de las leyes de la naturaleza, y así la voluntad de Dios no se realiza. La oración enseña al hombre que debe encontrar cuál es la voluntad de Dios. No es necesario que los animales y las aves descubran la voluntad de Dios, porque son dirigidos por el impulso de la naturaleza; están más cerca de la naturaleza que el hombre. La vida del hombre está muy alejada de la vida natural, por lo que cada movimiento es difícil. No lo vemos ahora; con todo nuestro conocimiento hacemos la vida cada vez más complicada y así la lucha se hace cada vez mayor. Para cada persona, vieja o joven, rica o pobre, la vida es una lucha difícil, porque nos alejamos más y más del impulso que viene directamente de la fuente de donde viene cada impulso.

Desde el punto de vista metafísico hay diferentes ritmos que describen la condición del hombre; se habla de ellos en el Vedanta como sattva, rajas y tammas. Sattva es un ritmo armonioso, rajas un ritmo que no está en perfecta armonía con la naturaleza, y tammas es un ritmo que es caótico por naturaleza y destructivo. Todo impulso que llega al hombre mientras está en este ritmo caótico de rajas se logra, pero el impulso que viene cuando está en el ritmo de sattva está inspirado y está en armonía con el ritmo del universo.

La vida activa en el hombre da poco tiempo para la concentración y para poner la mente y el cuerpo en la condición en la que puede experimentar el ritmo que da inspiración y se encuentra con la voluntad de Dios. Esta experiencia viene en respuesta a la oración de Cristo: “Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo”. Al producir esta condición de mente y cuerpo uno se sintoniza a un cierto tono que es armonioso y celestial y en el que la voluntad Divina se manifiesta fácilmente, como en el cielo. Sólo en este ritmo puede hacerse la voluntad de Dios.

No fue ningún prejuicio contra el mundo lo que hizo que los grandes abandonaran el mundo y fueran al bosque y a las cuevas, iban a afinarse a ese ritmo en el que podían experimentar el cielo. El cielo no es un país o un continente; es un estado, una condición dentro de uno mismo, que sólo se experimenta cuando el ritmo está perfecto funcionamiento. Si uno sabe esto, se da cuenta de que la felicidad es propiedad del hombre. El hombre es su propio enemigo: busca la felicidad en la dirección equivocada y nunca la encuentra. Es una ilusión continua. El hombre piensa: “Si tuviera esto o aquello, estaría feliz para siempre”, y nunca llega a la felicidad porque persigue una ilusión en lugar de la verdad. La felicidad sólo se encuentra en el interior, y cuando el hombre se afina a sí mismo, encuentra todo lo que su alma anhela dentro de sí.

Continuará

Tr. Arifa Margarita Jauregui

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